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Refracción de la luz
3.3.3 El color del cielo
La luz solar al igual que el resto de la radiación electromagnética que emite,
llega a la atmósfera terrestre después de propagarse por el espacio vacío. La
atmósfera es transparente a las ondas de baja frecuencia, a la luz visible y a la
radiación ultravioleta de mayor frecuencia. Durante el día, todo el cielo se ob-
serva iluminado, no sólo las regiones próximas al Sol. Esto se debe a la forma
en que la luz se dispersa en la atmósfera.
En la Luna, donde prácticamente no hay atmósfera, durante el día brilla el Sol
rodeado de un cielo negro.
La radiación que llega a la atmósfera terrestre tiene toda la gama de las ondas
electromagnéticas. La atmósfera, por ejemplo, es opaca a los rayos ultravioleta
de alta frecuencia y transparente a la luz visible. Sin embargo, los elementos
presentes en la atmósfera, tales como el oxígeno y el nitrógeno, dispersan prin-
cipalmente el color violeta, seguido del azul, el verde, el amarillo, el naranja y
el rojo. Como nuestros ojos son muy sensibles a la frecuencia de la luz azul,
observamos la dispersión azul y no violeta. Así notamos la tonalidad del cielo
de color azul.
El color del cielo varía a lo largo del día. Por ejemplo, al atardecer y al anoche-
cer, el Sol y las zonas cercanas al horizonte se observan rojizas. Esto se debe a
que en esos momentos los rayos del Sol llegan en forma inclinada a la Tierra
y, en consecuencia, deben atravesar un mayor espesor de la atmósfera. La luz
que nos llega en el ocaso ha perdido, por dispersión de la atmósfera, gran parte
de sus componentes azul y violeta. Como las frecuencias más bajas interactúan
menos con la materia, estas siguen su camino en forma más directa y llegan
casi sin dispersarse hasta nuestros ojos. Este color rojizo del cielo se conoce
como crepúsculo.
Cuando la atmósfera contiene polvo u otros materiales en grandes cantidades,
estas partículas dispersan las frecuencias menores de la luz, es decir, el amari-
llo y el rojo, como consecuencia el aspecto del cielo es blanquecino.
Sobre las grandes ciudades se observa una bruma grisácea debido a las par-
tículas que emiten los carros y las fábricas. Unas partículas dispersan la luz
y las más grandes la absorben, en consecuencia, se produce una bruma café.
En Bogotá, en la primera y segunda semanas de enero esta bruma se dismi-
nuye bastante, porque muchos de sus habitantes salen de viaje o a visitar a sus
familias fuera de la ciudad y se produce una gran disminución de tráfico. Si
el motor de un auto familiar emite más de 100 mil partículas por segundo, a
marcha mínima, ¿te imaginas cuántas partículas producen las fábricas y todos
los autos que a diario circulan por las calles de una ciudad? No en vano los de-
fensores del medio ambiente luchan por reducir el uso de los automóviles con
motor de diesel y gasolina, mejorar los estándares de calidad de las fábricas y
motivar a la gente por el uso de energías alternativas: como la solar y la eólica.
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